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Monday, December 21, 2009

Feliz Navidad 2009-10

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 La Navidad me entristece. Detesto el mes de diciembre. empieza con las celebraciones descoloridas del día de la Constitución y termina con la cena de Nochebuena en La Zarzuela. Menos mal que no tendré que tomar las uvas rodeada de cuñadas y de sobrinos. Mi Felipín siempre me lleva de vacaciones a Turquía o por ahí, a un país del Este, donde nadie nos conoce y podemos pasear sin ser asaltados pro los cazadores de autógrafos.
 
 No estaba yo para fotos, pero me dejé fotografiar con mis Infantitas y mi Felipín. Siempre es lo mismo: una foto de familia feliz para acallar rumores de un posible divorcio. ¿No podríamos pasar de la Navidad, de la foto dichosa y del discurso de Su Majestad?
 
 Leonor se sintió defraudada porque no había payasos en la sesión de fotos.
 
 -En Los Rosales se hacen mejores fiestas, mami.
 
 Mi Felipín le recordó que es la Heredera del Heredero y tiene que sacrificarse por la Patria.
 
 -No quiero que seas como Rajoy, cariño. Sólo los fachas consideran los sacrificios por la patria un coñazo.
 -Pero no me gusta que me quiten fotos, papi. Además ese fotógrafo no trae payasos, ni cuentacuentos, ni vende palomitas como en el cine,...
 
 Su Majestad mueve la cabeza contrariado.
 
 -Jamás reinaréis -murmura.
 
 Aprovecho para preguntarle por sus ganas de abdicar. No me contesta. Enciende un habano y fuma como si la Ley Antitabaco no existiera. Mi doncella corre a abrir las ventanas para descontaminar la estancia.
 
 -Cierra, Maripuri -le pido-, que Su Majestad tiene que ensayar el discurso de Nochebuena.
 
 Su Majestad intenta memorizar los tres folios del discurso sin éxito.
 
 -Es mejor que haga un play back, Majestad -le sugiere mi doncella-. Los cantantes cantan sobre el disco en los directos y usted puede hacer lo mismo.
 
 Mi Leonor vuelve a protestar. El discurso de su abuelo le parece tan aburrido como las sesiones de fotografías para las postales de Navidad.
 
 -Quiero que les prohibas a los profesores ponernos deberes -exige-, y también debes prohibir los exámenes.
 -Tengo que hablar de los secuestros de españole en el Índico, de la crisis económica y de la Constitución -dice Su Majestad.
 -No digas nada de mi divorcio -le ruega Elena-. Mi ex no lo resistiría, papá, y yo tampoco. Me niego a parecer una pobre divorciada. ¿Sabes lo duro que resulta para una mujer aparecer en la postal de Navidad sin marido? Al final, me he decantado pro enviar a las amistades sólo la foto de Froilán y Victoria Federica como si fueran niños huérfanos. Menos mal que mi hermana Cristina se solidarizó conmigo enviando de postal de Navidad a sus Urdangarines también huérfanos.
 
 Doña Sofía apoya a Elena. Los trapos sucios hay que lavarlos en casa. Yo no la apoyo porque, una vez que he conseguido tener una familia de cuento de hadas, me da la gana de enseñarla y la enseño. ¡Faltaría más! Hasta Peñafiel estaría de acuerdo conmigo, y si no lo está tampoco me importa.
 
 Su Majestad sigue con los ensayos. ¡Por Dios! Parece que va a leer un discurso en el que le declare la guerra a los Estados Unidos. Cuando yo sea Reina de España haré un discurso improvisado, sin perder el tiempo en ensayos y en tonterías.
 
 -Tú di cosas bonitas, papá -le recomienda mi Felipín-. Los españoles necesitan recuperar la esperanza en el futuro.
 
 Pienso que la única cosa bonita que me apetece escuchar es la abdicación de Su Majestad. Se acabarían los desfiles militares, el ejército, la corrupción, la pobreza,... España iba a ser un paraíso terrenal conmigo de Reina.
 
 -¿En qué piensas, Leta? -me pregunta mi Felipín.
 -En la felicidad, Felipe.
 -¿Viene el varón?
 
 Me toco la tripa y pienso en un nuevo parto por cesárea. ¡Qué dolor! La epidural no te quita el miedo.
 
 -Con Leonor y Sofía tenemos de sobra.
 
 ¿Cómo no voy a estar depre? En esta familia no hay cambios. Estoy cansada de ser Princesa de Asturias. Yo quiero reinar, ser una Reina de España joven, poder exigirles a mis cuñadas una reverencia. Pues nada, Año Nuevo vida vieja. Aquí seguimos princeseando de inauguración en inauguración. Hasta Belén Esteban vive mejor que yo. Va a dar las uvas en Telecinco y yo sólo puedo mirar como Su Majestad suelta un discurso idéntico al del año pasado el 24 de diciembre. Me queda el consuelo de que mi nariz comprada es mucho más bonita que la que compró Belén Esteban. A la pobre le pusieron la nariz de Michael Jackson. Es lo que pasa cuando eres sólo la Princesa de San Blas.
 
 
 

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