Sofía leyó su primer discurso esta semana y Leonor terminó su formación militar. Dos hechos a apuntar en mi diario de madre. No cabe duda, amigas y amigos: mis hijas ya son muy grandes.
En nada dejarán el nido vacío. Se enamorarán de verdad, se casarán, tendrán hijos. Me convertiré en abuela cuando aún me siento hija. La juventud no me abandona porque mentalmente siempre he sido y sigo siendo joven.
No, no me imagino de abuela. Tal vez Felipe sí tenga más madera de abuelo. Pero todavía no toca. Las niñas seguirán estudiando, formándose, mentalizándose para estar en la Jefatura del Estado dentro de unos años.
Mi doncella Maripuri me pide que no me ponga filosófica.
-No es sano, mi Reina -me dice.
-Te haré caso, Maripuri.
-Usted no piense.
-Pienso luego existo.
-Eso valía para Descartes, pero no para nosotras, mi Reina. Es mejor improvisar.
Improviso tanto que no preparo las maletas para nuestras vacaciones. Sigo trabajando, más eventos, más vestidos a estrenar, más zapatos nuevos, más sonrisas de felicidad.
Me pongo un nuevo perfume. Es una fragancia fresca y juvenil. La vida sigue. Nosotros seguimos trabajando.
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