La vida sigue y una vuelve a ser Princesa para arrancar una risa a quien lee este blog y arrancarme la pena a mí misma. Estos días anduve pensando mucho en la Princesa Corinna, esa alemana de la que se ha enamorado mi suegro. Bueno, eso de que está enamorado lo dice mi doncella Maripuri, yo no sé tanto.
-Su Majestad se ha enamorado, mi Princesa -me dice-, y cualquier día de éstos se nos casa con la alemana. Pobre Reina Sofía. La veo sola en su vejez, olvidada por todos, sin dinero...
-¿No le queda una pensión de jubilación? -le pregunto a mi doncella.
-No, mi Princesa. El tarot dice que la tiene que mantener su hermano Constantino allá por Londres o donde viva.
Mi doncella se preocupa mucho por doña Sofía. Le tiene cariño. Es Maripuri mucho de preocuparse por las personas que van a menos. Yo, en cambio, estoy muy interesada en Corinna. Me parece una mujer muy lista. Sólo hay que ver el pastón que está ganando hablando en la prensa de sus amores con don Juan Carlos. Ha salido en el Mundo, en el ¡Hola!, ...
-Felipe, cariño -le dijo a mi Príncipe-, esa Corinna está ganando mucho dinero. ¿Crees que lo declara a Hacienda?
-No me hables de Corinna, Leta.
-Bueno, pues te hablo de nuestro cuñado Iñaki. ¿Sabes que ha comprado otro coche?
-¿Con qué dinero?
-Creo que con el sueldo de Cristina. Le pagan un montón en La Caixa por estar en un despacho.
-Esta familia es un desastre, Leta. Mi viejo le pone los cuernos a mamá, Cristina no deja a Iñaki, Elena sigue divorciada y no sigo para no llorar.
Vuelvo a leer las entrevistas de Corinna. Me fascina esa mujer. Sólo la he visto en persona una vez. Fue el día en que don Juan Carlos nos la presentó como su novia. Yo pensaba que era una broma, pero parece que era muy cierto. Corinna llegó a Palacio con una doncella española que se llamaba Encarna y con un montón de regalos para mis infantitas. Mi Leonor todavía conserva una muñeca que le regaló la novia de su abuelo. Supongo que lo acompañará estos días en el hospital. Mi suegro va a arreglar la espalda. Quien seguro que no va a verlo es doña Sofía. Nos dijo que prefiere ir al Vaticano a rezar por el nuevo Papa.
-Su Majestad se ha enamorado, mi Princesa -me dice-, y cualquier día de éstos se nos casa con la alemana. Pobre Reina Sofía. La veo sola en su vejez, olvidada por todos, sin dinero...
-¿No le queda una pensión de jubilación? -le pregunto a mi doncella.
-No, mi Princesa. El tarot dice que la tiene que mantener su hermano Constantino allá por Londres o donde viva.
Mi doncella se preocupa mucho por doña Sofía. Le tiene cariño. Es Maripuri mucho de preocuparse por las personas que van a menos. Yo, en cambio, estoy muy interesada en Corinna. Me parece una mujer muy lista. Sólo hay que ver el pastón que está ganando hablando en la prensa de sus amores con don Juan Carlos. Ha salido en el Mundo, en el ¡Hola!, ...
-Felipe, cariño -le dijo a mi Príncipe-, esa Corinna está ganando mucho dinero. ¿Crees que lo declara a Hacienda?
-No me hables de Corinna, Leta.
-Bueno, pues te hablo de nuestro cuñado Iñaki. ¿Sabes que ha comprado otro coche?
-¿Con qué dinero?
-Creo que con el sueldo de Cristina. Le pagan un montón en La Caixa por estar en un despacho.
-Esta familia es un desastre, Leta. Mi viejo le pone los cuernos a mamá, Cristina no deja a Iñaki, Elena sigue divorciada y no sigo para no llorar.
Vuelvo a leer las entrevistas de Corinna. Me fascina esa mujer. Sólo la he visto en persona una vez. Fue el día en que don Juan Carlos nos la presentó como su novia. Yo pensaba que era una broma, pero parece que era muy cierto. Corinna llegó a Palacio con una doncella española que se llamaba Encarna y con un montón de regalos para mis infantitas. Mi Leonor todavía conserva una muñeca que le regaló la novia de su abuelo. Supongo que lo acompañará estos días en el hospital. Mi suegro va a arreglar la espalda. Quien seguro que no va a verlo es doña Sofía. Nos dijo que prefiere ir al Vaticano a rezar por el nuevo Papa.









































