Mi doncella Maripuri tenía razón cuando decía que había que vestir a Leonor de niña de Primera Comunión y no de alumna del colegio de Los Rosales. Miro las fotos y se me cae el alma a los pies. Parece que es su hermana Sofía la que iba de Primera Comunión. Yo estas fotos no las enmarco ni loca. Mi hija mayor podría traumatizarse y no sentirse futura Reina de España viéndose vestida de una manera tan horrible en su gran día de la infancia. Mi Felipe VI me pregunta que hago cuando me ve esconder las fotografías del acto familiar en un cajón de mi despacho.
-Esas fotografías son horribles, Felipe.
-¿No se nos ve guapos?
-Leonor está horrible. No parece la niña que tomaba la Primera Comunión.
-Es mejor que no le digas nada, Leta. La niña está ilusionada con eso del Cuerpo de Cristo. Se ha vuelto más creyente.
-No me estarás diciendo que se quiere meter a monja.
-Nuestra Leonor sabe que es la Princesa de Asturias, pero admira mucho a Santa Teresa de Jesús.
¡Lo que me faltaba! Corro a hablar con mi hija. La encuentro rezando padrenuestros en su habitación.
-¿Qué haces, hija?
-Rezo por los pobres.
-Vamos a pasear por el jardín.
-Prefiero rezar en la intimidad.
La agarro por un brazo y la quito de su habitación. La Primera Heredera se me echa a perder si la dejo ir por el camino de los rezos. Lo último que me apetece es tener una hija beata. Leonor protesta.
-Estoy con el tercer rosario, mami.
-Tú lo que estás es tonta. Espabila, hija, que eres la Princesa de Asturias y la futura Reina de España. Ahora nos vamos a ver a Felipe Varela. Quiero darle las gracias por el vestido azul agua que me hizo para tu Primera Comunión.
Si puedo evitarlo, no habrá más Primeras Comuniones en mi Palacio con uniforme de colegio privado. Son de pena. Una niña merece vestirse de blanco y a lo grande. Leonor iba de monja. No me extraña que haya empezado a admirar a Santa Teresa de Jesús.






















