Nadie puede decir que no ahorro. Estos días fui de rebajas y me compré todos los vestidos floreados que había en Zara. Son preciosos. Dice mi doncella Maripuri que me favorecen tanto como favorecían a su bisabuela.
-La moda se repite, Maripuri.
-El mal gusto también, mi Reina.
-¡Maripuri!
-No quiero decir que usted tenga mal gusto, mi Reina. Quiero decir que los de Zara no han estado muy finos a la hora de copiar sus diseños para este verano.
Casi me deprimo. Parece que no voy bien vestida. Me lo dice también Pablo Iglesias.
-Pareces mi tía Obdulia, Letizia.
-¡Un respeto!
-Soy republicano.
-¡Hazme la reverencia!
Pablo Iglesias mira para mi Felipe VI asustado. Mi Felipe VI le dice que entre en su despacho.
-No abuses, Leta -me susurra-. Este hombre puede ser el próximo Presidente del Gobierno de España.
Casi me deprimo más. Pablo Iglesias nunca me causó alegría. Me vienen ganas de quitar mi vestido de flores rosas y ponerme de luto. Menos mal que viene mi suegra doña Sofía con unos bombones.
-Toma uno, nuera. Me los acaba de regalar Juanito.
-¿Han hecho las paces?
-Creo que sí. Me ha invitado al cine esta noche.
-¿Y usted le perdona?
-He perdonado siempre.
Como media caja de bombones. No hay nada mejor que el chocolate para quitar la depresión. Me viene la alegría cuando doña Sofía empieza a protestar porque le como todos sus bombones.
-¡Me voy de finde! -exclamo feliz.
-¿Con el Presidente de los Estados Unidos? ¡Bien hecho, nuera!
No le digo que nada de eso. Iré con mis niñas a descansar lejos de los Obama. Los sábados y los domingos nunca trabajo. Tanto me da que venga de visita el Presidente de los Estados Unidos o el Presidente de mi comunidad de vecinos. Yo sólo trabajo cinco días a la semana. El sábado volveré a las rebajas de Zara y el domingo iremos al parque en la urbanización de una amiga mía.
























