España puede estar tranquila: hice las paces con mi suegra. Nos vino bien que don Juan Carlos estuviera en el hospital arreglando una rodilla para sacar las fotos de la paz. De lo contrario, tendría que haber enviado una foto dando un beso a mi suegra a la prensa española y extranjera para dar la noticia al mundo mundial.
La idea de las fotos fue de mi doncella Maripuri. Yo no quería sacar una foto con la abuela dolida por no tener a sus nietas más tiempo con ella y en todas las fotografías con ella en plan caperucitas rojas. Tenía que pedirme perdón doña Sofía a mí y en privado; nada de fotos. Pero mi Felipe VI dijo que mi doncella Maripuri tenía razón y que había que hacerle caso.
-Hay que ir al hospital rápido para que nos vean juntos y felices.
-Cuando vivía en mi piso de soltera, salía por la ventana y ya me veía todo el barrio feliz y dichosa.
-Eres la Reina de España, Leta.
-No me lo recuerdes.
-Doña Sofía también es Reina y es mi madre.
-¡Menuda madre!
-¡Leta!
-Quería decir que tienes una madre ejemplar, amor.
Doña Sofía que me perdonaba. Es una mujer que perdona antes de pedirle perdón. A mi suegro le dice todos los días que le perdona los cuernos. Mientras no le pida el divorcio, le perdona todo. Don Juan Carlos no le hace caso. Va a lo suyo: a sus amores, a sus comidas en restaurantes y a arreglar las rodillas y todos los huesos que tiene complicados.
No creo que nos dure mucho la paz en casa. Doña Sofía y yo somos como los israelíes y los palestinos: siempre en guerra. Creo que voy a pedir el divorcio de mi suegra. Tendré que explicarle a los jueces del Supremo que quiero al Rey de España, pero odio a su madre.


















