Mi Leonor aún está un poco verde para ejercer de Princesa de Asturias. Yo creo que esta niña mía hasta que cumpla 18 años no se puede poner a trabajar. Lo siento por la Monarquía y por mi Felipe VI. Mi marido quiere poner a nuestra primogénita a currar inmediatamente para que se olvide que el Rey Emérito hizo negocios con su amiga Corinna y con los árabes de Arabia Saudí, pero no puede ser.
-¿No ves que la niña sufre, amor? Leonor tiene miedo a los periodistas, a los abucheos, a dar la mano, a que le quiten selfies. Es una niña muy miedosa.
-En Covadonga no la abucharon.
-Pero la abuchearán. España es el país de los envidiosos. Me imagino a los ninis corriendo detrás de nuestra Leonor gritando disparates. Los ninis ni estudian ni trabajan y tienen tiempo para abuchear a nuestra Heredera.
-Dicen tonterías, Leta.
Lo dejo por imposible. No hay manera de convencer a los hombres de las realidades que son realidades. Lo que no dejaré es sufrir a mi Leonor. Casi prefiero mandar a mi Sofía a estos eventos dinásticos. Sofía estaba más suelta. Fue ella la que le dijo a Leonor que acariciara un burro que nos acercaron.
-Es una yegua, mami -me informó Leonor.
-Un burro, hija.
-Una yegua -insistió Leonor.
Fue cuando la vi más suelta. Mi Leonor es muy erudita. Le llama a todos los animales por su definición exacta. La yegua nos la trajimos para La Zarzuela. Anda por el jardín suelta y sin dar problemas. Es una yegua muy doméstica.
¿Dará Leonor el discurso de los Premios Princesa de Asturias? No lo creo. Ni siquiera con la ayuda de su hermana Sofía podrá quitarse el miedo que le dan estas exposiciones públicas. Las dos hacen ensayos en su habitación. Ensayan discursos, dar la mano, dar besos y esas cosas que hacemos los de la Casa Real. Tendrán que seguir ensayando. Lo de Covadonga no me ha convencido. Y mi doncella Maripuri piensa lo mismo: esta niña está muy niña para trabajar de Princesa de Asturias.
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