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Los blogs que lee Letizia
Me siento muy confusa con mi pelo. soy la mujer dudas. ¿Con qué peinado quedo? El peluquero Hernán me dejó la melena demasiado cortita. Todas las mañanas me levanto con los pelos de punta. -¿A dónde vas, Leta? -me pregunta mi Felipín cuando me ve saltar de la cama desesperada. -Voy a peinarme. -Pensé que ibas a la Bolsa. ¿Sabes que las inversiones de Su Majestad están dando pérdidas? Mis pies se clavan en el suelo. Empiezo a tiritar a causa de los nervios. ¿Somos pobres? No sé por qué extraño mecanismo mental mi cabeza se ve asaltada por el recuerdo del crac del 29. Hace casi un siglo, los inversores se tiraban por la ventana al despertar de la alegría de los años veinte y encontrarse con sus fortunas fundidas en Wall Street. -¿Qué va a hacer Su Majestad? -le pregunté a mi Felipín. -Rezar. -¿Tan mal van sus inversiones? -Creo que sí, Leta. Gracias a Dios, los españoles siguen pagando impuestos. -Voy a llamar al peluquero, Felipe. Mientras la crisis económica no vaya a más puedo seguir cambiando de look. Mi gozo en un pozo. En mi despacho estaba el nuevo contable. Es un subcontratado que se llama Carlos, poco hablador y tan tacaño como todos los hombres de cuentas que he conocido. -Hay que reducir gastos, Alteza. Vamos a empezar por los gastos de peluquería. -Espere a que me corten otra vez el pelo, por favor. Carlos dice que no se puede esperar. El Ibex anda loco y Wal Street va al carajo. -¿Cómo dice, Carlos? ¿Acabo de oír un taco? -Si quiere se lo digo en gallego: Wall Street vai ó carallo. Me santiguo. ¿A dónde hemos llegado? Antes contratábamos a los mejores economistas del país y ahora nos tenemos que contentar con este hombrecillo que dice tacos. -Carlos es muy guapo, mi Princesa -opina mi doncella cuando le cuento el precario vocabulario del individiuo-. Es un hombre con pasta. -¡No me digas, Maripuri! -Sí, mi Princesa. Es el dueño de la empresa de contabilidad y marketing que lleva el pepeleo de La Zarzuela. -Pues parece un albañil sin fuerza. Mi doncella me cuenta que Carlos es uno de los principales clientes de la tienda Loewe en La Coruña. -Él vive en Vigo, pero viene a La Coruña de compras. -Estamos en Madrid, Maripuri. ¿Cómo dices viene? Querrás decir va. -Mi cabeza es como la cabeza de Dios, mi Princesa. Está en todos los sitios y en ninguno. Me fijo en la larga melena de Maripuri. ¿Cómo me quedaría a mí una melena hasta la cintura? Espero que bien porque, si el contable no paga las facturas del peluquero, el pelo me va a llegar al trasero.
Mi Felipín está viviendo más mal que bien la crisis de los cuarenta. Lo encuentro más pensativo que de costumbre. Yo le preguntó en qué piensa y él calla. -Tienes que decirle lo que piensas a tu mujer, Felipe -insisto-. Somos un matrimonio y debemos confesarnos mutuamente. -Mis pecados siempre se los conté al arzobispo de Madrid, Leta. -¿Me eres infiel? -Me refería a otro tipo de pecados. Respiré aliviada. Mi Felipín aún no me ha puesto los cuernos. Soy una esposa afortunada. -¿No vas a contarme esos pecados, Felipe? -le pregunto-. Yo guardo los secretos de confesión mejor que monseñor Rouco. -Jurame que no se lo vas a contar a Sus Majestades, Leta. Se lo prometí porque jurar es una cosa antigua. ¿Quién jura? Nadie. Hasta los ministros y el presidente del Gobierno prometen sus cargos. Mi Felipín me dijo muy serio: -Deseé que Rajoy no ganará las elecciones pasadas y se cumplió. -Ése no es ningún pecado, Felipe. Media España deseó lo mismo. -Ahí está el problema, Leta. No me siento el príncipe de los votantes del PP y Su Majestad quiere que sea el Príncipe de todos nuestros súbditos. Mi Felipín se complica mucho la vida con sus filosofías de andar por casa. A mí no me importa a quien vote o deje de votar el subditaje, mientras pague impuestos. Aquí, en este Palacio, no vivimos del aire. -¿Sabes lo que costó la sesión fotográfica, Felipe? -le pregunté. -Creo que fue gratis. -¿Gratis? De gratis nada, cariño. El fotógrafo de la agencia Efe lo pagaron nuestros súbditos. En consecuencia, amor mío, debes sentirte el Príncipe de los pagadores de impuestos. -Mi otro pecado es no querer más hijos, Leta. Este deseo mío incumple la doctrina de la Iglesia Católica. _¿Qué mandamiento, Felipe? ¿Era el segundo el que decía "creced y multiplicaros"? -No, Leta. Los mandamientos no contemplan el acto sexual abierto a la vida. -Pues entonces no es pecado. -Creo que sí, Leta -insiste mi Felipín-. El papa Ratzinger nos obliga a tener hijos. -A mí no me obliga ni Dios -exploto-. ¿Sabes que te digo, Felipe? Sigue confesándote con Rouco. -Espera, Leta. Voy a contarte mi tercer pecado. Salí al jardín. Un tercer pecado me mataba. -Mami -me dijo mi Leonor-, hoy hice una cosa mala. -¿Tú también tienes pecados, mi Heredera? Pues sí que empiezas pronto, hija. Yo hasta después de la primera comunión no pequé. Era más inocente que la Virgen María. -Rompí sin querer el reloj que le regalaste a papá. Fue sin querer, mami, de veras. Lo tiré sobre la alfombra del salón para demostrarle a Sofía que los relojes buenos no rompen, pero rompió. No me extraña. Era un reloj más falso que Judas. Se lo compré a unos negros que vendían todo tipo de falsificaciones. Abracé a mi niña Leonor para consolarla. Yo también soy una pecadora.
En La Zarzuela estamos viviendo la precampaña electoral con muchos nervios. Su Majestad es el que peor lo lleva. -¡Ay, Sofi, que llega la derecha! ¿Qué va a ser de nosotros? -le pregunta a doña Sofía una y otra vez. Doña Sofía sonríe porque tiene por costumbre mostrar su mejor cara a los malos tiempos. -¿Sabes que Pizarro me acaba de llamar por teléfono? Quería decirme que va a ser el próximo ministro de Economía. Ése nos reduce la paga, Sofi. En vez de darnos ocho millones de euros nos dará ocho millones de pesetas. -¿Ocho millones de pesetas, Majestad? ¿Sólo? -me alarmo- ¿Y cómo vamos a vivir? ¿Qué comerán mis Infantitas? -Estáis exagerando -nos dice doña Sofía-. El señor Pizarro es un buen cristiano. Cuando era presidente de Endesa, daba muchos donativos para los pobres. Mi cabeza da vueltas. Ya no sé si vivo en mi apartamento de Vicálvaro o en un Palacio. ¿Me he casado con un Príncipe? Empiezo a dudarlo. -Maripuri, ¿verdad que soy la Princesa de Asturias? -le pregunto a mi doncella. Maripuri me mira con estupor. Le explico que Pizarro va a ser ministro de Economía. -Eso lo tiene que decir España, mi Princesa. De momento, el señor Pizarro es un militante del Partido Popular con sitio en las listas. Suerte la suya. Gallardón fue menos afortunado. -¿Es pobre Gallardón? -¿Pobre? Ya le gustaría a Paulino Cubero estar trabajando de alcalde de Madrid. Paulino está sin empleo, mi Princesa. Fue una pena que no aceptaran su letra para el himno. Los derechos de autor le iban a calmar la vida a un español humilde. Mi Felipín también piensa en la pobreza. Está tan asustado como Su Majestad ante la posible llegada de Mariano Rajoy a La Moncloa. -Es peor que los nacionalistas, Leta. A mí siempre me habla en gallego para que no lo entienda. -Bueno, amor, Aznar os hablaba en catalán en la intimidad y no os quejabais. Doña Sofía me contó que nunca se le negó el saludo en La Zarzuela al marido de Ana Botella. -Dicen que Ana va a ser alcaldesa de Madrid. Gallardón deja la política el 9 de marzo. -Peor sería que dejara a su esposa. ¿Imaginas que se liara con Carla Bruni? No lo quiero pensar. Sarkozy sería capaz de declararnos la guerra. Mi Felipín calla y sufre. Es un buen heredero. Frunce el entrecejo cuando piensa en nuestro país y eleva las cejas marcando profundos surcos en la frente cuando acaba de pensar. -Voy a llamar al INEM. -¿Para qué, Felipe? -le pregunto asustada. -Quiero preguntarles a los del INEM si fue por allí Gallardón pidiendo un empleo para después de las elecciones. Los de la oficina de empleo le contestaron que el único parado famoso que estaba inscrito era Paulino Cubero. Cruzo los dedos por el poeta del himno y por mi Felipín. No quiera Dios que sea mi Príncipe el que acabe pidiendo trabajo ante la ventanilla de un funcionario que en vez de llamarle Alteza lo tutee sin el debido respeto.
Sarkozy y Carla Bruni nos enviaron una petición de regalo por boda del Jefe de Estado de la República Francesa. Pueden esperar sentados en el salón de los espejos del palacio de Versalles. Desde La Zarzuela no les daremos ni la enhorabuena, por mucho que la niñera Rafaela se empeñe en mandarles los chupetes de mi niña Sofía. -Mira como le salen los dientes a la ciudadana infanta Sofía. Parece la hija de Drácula. Hay que deschupetar a la niña. -Sin chupete no duerme. -Tonterías. Yo estos chupetes se los voy a regalar a Carla Bruni. Va a tener un bebé y los necesita. -Ni se te ocurra, Rafaela. Los chupetes los pagué con los impuestos de mis súbditos. Le pregunté a mi doncella si el chupete influía en la dentadura de Sofía. -Según el tarot, la infanta Sofía va a tener una pronunciadísima barbilla, mi Princesa. El chupete no influye en el desarrollo de los huesos faciales, es el destino quien los determina. -¿Y en los dientes, Maripuri? ¿Perjudica los dientes el chupete? -Tampoco. -Son los celos, mami -nos interrumpe Leonor -.Mi hermana tendrá dientes de conejo porque me envidia. -¡Niña! ¿Qué disparates dices? Mi Infantita señala el televisor. En la pantalla salen los políticos crispándose. -Ellos también se tienen envidia, mami. Por la noche hablé muy seriamente con mi Felipín. -Leonor nos sale política, Felipe. Tiene a Zapatero y a Rajoy como modelos a seguir. -También sigue el ejemplo de tu doncella, Leta. Es lo que más me preocupa. -¿Tiene poderes? ¡Qué ilusión! -No me refiero a la lectura del tarot. Mi Felipín me cuenta que nuestra Leonor escribe artículos con mucha política en el argumento. -Tu doncella tiene la mala costumbre de enseñarle a la Heredera todas las cartas al director que le publican. Quiere que aprenda a escribir los discursos. Leonor está perdiendo la infancia, Leta. Es una pena. -La niñera Rafaela no me ha informado de la tendencia literaria de nuestra Heredera. -¿Qué va a decir Rafaela? Esa mujer está enamorada de Sarkozy. Me comentó que quería hacer un trio con Nicolás y Carla para celebrar el aniversario de la Guerra de la Independencia. ¿Te parece normal? -Nosotros no somos normales, Felipe. Somos progres. El servicio también. -Tu doncella no es progre. Leí su participación el el debate de "el mundo" y me pareció pedrojotiana. Por cierto, no me gusta que firme sus artículos gratuitos como si fuera de la Familia Real. Deje hablar a mi Felipín como quien le permite a Dios que nos tire lluvia. Abrí "el mundo" del domingo por la segunda página y escribí sobre el nombre de mi doncella ¡viva Maripuri! El talento no es de los progres ni de los fachas. El talento literario es el látigo que Dios les regala a los pobres para que se autoflagelen hasta arrancar del dolor poesía.
El fiestón de Su Majestad fue un éxito. No faltó nadie de la España política. Hasta Ibarretxe, ése que quiere arrancarle un trozo a la Patria por el norte, vino a inclinar la cabeza ante el Rey de España. -Después de octubre, no cuenten conmigo para más fiestas, Altezas -nos dijo nada más empezar a cenar-. Euskadi será una nación. -¿Con rey, señor Ibarretxe? -le pregunté. -Si las vascas y los vascos quieren un rey, lo tendrán. Aquella era mi oportunidad. Respiré hondo y me propuse como Reina del País Vasco. Mi Felipín me daba codazos para que me callara, pero a mí no me callaba ni Dios. -Tengo que consultar con el señor Arzallus esta posibilidad, Señora. Pensé que Arzallus no mandaba nada en el PNV, que estaba retirado de la política. Debe ser que los políticos no se jubilan nunca. Aznar tampoco está jubilado de la cosa política. En la fiesta se sentó en la mesa de los Reyes, luciendo una melenita peor que la mía. -¿No crees que Aznar debería cortarse el pelo? -le pregunté a mi Felipín-. Voy a decirle que afeite la cabeza. -Quieta, Leta. Calmate. Hoy estás hiperactiva. -Parece que tiene piojos. ¡Por Dios! A lo que ha llegado ese hombre. Hay que decirle que lave la cabeza. Mi Felipín dijo que con Aznar ya hablaba Su Majestad. -No me desconcentres, Leta. Tengo que leer un discurso en los postres. -¿Vas a pedirle a Su Majestad que abdique? -Tranquila, Leta. Todo a su debido tiempo. No le pidió la Corona. ¿Para qué creerá este marido mío que me he casado con él?... Como me descuide un poco, nos divorciamos antes de llegar a ser Reyes de España. Mira Marichalar. Pobre. No lo invitaron a la fiesta de cumpleaños del abuelo de sus hijos. -¿Podemos contratarlo de camarero, mi Princesa? -me preguntó mi doncella antes de la cena-. Don Jaime sabe mucho de protocolo y eso viene bien para colocar a los invitados. -Me temo que no, Maripuri. Elena anda de uñas con su ex. Si lo ve de camarero en El Pardo, adiós vajilla. Un poco antes de los postres, mi Felipín se agarró a mi brazo. -¡Ay, Leta! Acabo de ver a Franco -me susurró-. ¿Sabes quién era Franco? -¿Cómo no lo voy a saber? Mis abuelos me hablaron mucho de su dictadura. -Mira, Leta. ¡Allí está! Miré hacía donde señalaba mi Felipín y descubrí a Fraga. -Es el último ministro de Franco en activo, amor -le dije. Me acerqué a él porque una debe ser amable con la cuarta edad. -¿A dónde va, don Manuel? -Necesito descansar, Alteza. Estoy buscando la habitación del caudillo para echar una siesta antes de regresar a mi casa. Iba a decirle que fuera a dormir a otro lado, pero callé. Mi Felipín iniciaba su discurso. ¿Se atrevería a pedir el trono? No se atrevió. Se abrazó a Su Majestad como un niño sin destetar se abrazaría a sus padres, y se olvidó de que yo, su esposa, quiero ser Reina lo antes posible. -Papá seguirá siendo Rey veinte años por lo menos -comentó mi cuñada Cristina. -Sí, hermana -asintió Elena-. Hay patrón para rato. ¿Y Princesa? ¿Aguantaré yo veinte años sin reinar? Creo que no. Veinte años son una eternidad.
Su Majestad cumplió setenta años un día antes de Reyes. Como era de esperar, recibió felicitaciones de todos los países del mundo mundial. -No van a caber los regalos en La Zarzuela -dijo mi doncella cuando vio la caravana de tráilers que se acercaba-. ¿Por qué no le dice a don Juan Carlos que se sume a la cabalgata de los Reyes Magos? Donde hay tres reyes caben cuatro, mi Princesa. -Gaspar, Baltasar, Melchor y el Rey de España. ¡Qué gran idea, Maripuri! Me acerqué al despacho de Su Majestad. Estaba dándole una lección del arte de reinar a mi Felipín. -Disculpe, Señor. Mi doncella cree que usted quedaría bien en una carroza de Sus Majestades de Oriente tirándoles a los madrileños sus regalos de cumpleaños. -¿Qué has bebido, nuera? -Se lo digo en serio, Majestad. Su popularidad subiría como la espuma. No tendría que volver a la guerra de Afganistán para contentar a los juancarlistas. Su Majestad se negó. Él con los Reyes Magos no iba a ningún sitio, y menos repartiendo regalos. -Tus hijas, nuera, me tiraron setenta veces de cada oreja. ¿Cómo crees que quedarían mis orejas si todos los niños de Madrid hicieran lo mismo? Acabaría como Carlos de Inglaterra: con orejas de soplillo. Además -prosiguió-, esos regalos hay que venderlos en eBay. Ando mal de dinero, nuera. -Pídale dinero a Zapatero -le sugerí. -José Luis también anda escaso de euros. Fue a la guerra de El Líbano para no tener que regalarles nada a las niñas ni a Sonsoles. La familia es muy cara para los hombres que vivimos del Estado. ¡Y tan cara! Sus Majestades los Reyes de España le regalaron a mis niñas muñecas de todo a cien. Menos mal que se acercaron los Reyes de Oriente con dos toneladas de caramelos.
Me costó sudores impedirle a mi Felipín ir a la guerra. Quería ir a comer las uvas a Afganistán con los soldados. -Déjelo, mi Princesa -decía Maripuri. Los maridos no se pueden atar. ¿Qué no? ¡Vaya si lo até! Cerré la puerta de nuestro dormitorio con llave y allí lo dejé hasta que marchó Su Majestad. -¿Por qué no fue Felipe a felicitarle las fiestas a nuestras tropas? -me preguntó doña Sofía. -No se lo permití, Majestad. Me niego a ser viuda. -A mí no me importaría enviudar. Tengo muchos nietos para hacerme compañía. Le pedía a Maripuri que mirara en el tarot si doña Sofía iba a quedar viuda próximamente. En las cartas no salía ninguna viuda en La Zarzuela en un plazo de diez años. -Pero veo mucha guerra en Afganistán, mi Princesa. El campo de batalla unirá a los afganos con los paquistaníes. Maripuri siempre ve guerras. Gracias a Dios nunca aprendí a tirar las cartas. Debe causar mucha depresión ver una contienda bélica y no poder hacer nada para detener los misiles que cruzan los cielos azules dejando un río de sangre inocente. -No voy a brindar -dijo Su Majestad nada más apearse del helicóptero que lo trajo a casa-. Nuestras valientes tropas están jugándose la vida en Afganistán. -Yo haré el brindis, Juanito -decidió doña Sofía-. ¿Dónde está mi hijo? Ya me había olvidado de que había encerrado a mi Felipín para que no fuera a la guerra. -Felipe, despierta. Tu madre va a brindar por ti, cariño. Mi Felipín despertó preguntando si era rey. -No, Felipe. De momento sigues siendo Príncipe y yo soy tu guapa Princesa. Su Majestad acaba de regresar de la guerra sin un rasguño que lo incapacite para ejercer sus funciones de Rey de España. Una vez que estuvimos toda la Familia Real reunida frente al televisor y comimos las uvas orientándonos por el reloj de la Puerta del Sol, doña Sofía levantó su copa y dijo: -Brindo por nuestra familia cristiana. -¡Viva España! -grité. -Hay que decir viva la familia, Letizia -me reprendió doña Sofía. -Yo no puedo darle vivas a la familia, mamá -se quejó mi cuñada Elena-. Me he divorciado de Jaime. -Yo tampoco le daré vivas a la familia -dijo Cristina-. Los hijos son un sufrimiento. -¡Viva Papá Noel! -gritó mi niña Leonor con su vocecita de niña mimada. Todos gritamos ¡viva!, hasta su hermana Sofía. Papá Noel fue muy generoso con nosotros. A mí me trajo unas esmeraldas que quitan el hipo y para mis niñas vino cargado de muñecas de todos los colores.
Creo que estoy embarazada. Los mareos que sufrí en silencio durante la cena de Nochebuena sólo se pueden explicar por la presencia de un varón en mi barriga. Me daba vueltas hasta Su Majestad dentro del televisor. -No bebas más sidra, Leta. La sidra emborracha tanto como el cava -me dijo mi Felipín cuando estábamos en los postres. -Calla, Felipe. ¿No ves que está hablando tu padre en la televisión? -Su Majestad habla, pero en la mesa. Era cierto. Su Majestad discutía con mis cuñadas. Elena y Cristina no querían ir a la misa del gallo. -Hace frío, papá -protestaba Cristina-, y la capilla no tiene calefacción. Si mis hijos pescan una gripe, me vas a oír. Así no se le habla a un padre. Si una de mis hijas me hablara con esa falta de respeto, le quitaba el infantado de España. Elena tampoco quedaba atrás. -Yo no puedo ir a esa misa, papá. Estoy excomulgada como todos los divorciados católicos. Monseñor Rouco ya me llamó diciendo que no habrá más hostias para mí. -Pero, ¿qué forma de hablar es esa? -exploté-. Yo, que fui educada en la escuela pública, hablo con más educación. -Leta, por favor. -Déjame hablar, Felipe. ¿No ves que tus hermanas no respetan a Su Majestad? -Calla, nuera -me ordenó Su Majestad-. Los Borbones hablamos con campechanía. Todavía no nos entiendes. Me serví otro culetín de sidrina e intenté pensar en el idioma de la campechanía. Imposible concentrarme. En mi barriga había un varón. -Ay, Felipe, aquí hay un niño. -No debes ver el orfanato, Leta. ¿Por qué no te acuestas? ¿El orfanato? Ah, sí... Su Majestad había puesto la película para entristecerme. -Me refería al niño que se mueve en mi barriga. -Estás chispa, cuñada -me dijo Cristina-. Jamás de los jamases tendrás un varón. -El varón será mi tercer hijo. Lo dice el tarot de Maripuri. Doña Sofía nos pide que no discutamos. Es Nochebuena y ella quiere paz. -¡Cantad Noche de paz para la Reina! -grito. -No chilles, Leta. A ver si acabamos la cena en paz. Imposible. Froilán, que quiere ser torero de mayor, intentaba torear a los conejos que nos regaló ZP. -Está destrozando el mantón de Manila de Elena -observé. -No importa, Leta. Mi hermana quiere quemar toda la ropa que le regaló Marichalar. -¿Y qué va a poner después? -Elena tienen un gran fondo de armario. Suerte la suya. Yo tengo los trapos contados. -Leonor también quiere ser torera, tía -me informa Froilán. -Dios no lo quiera. Espero que este país siga siendo monárquico durante los próximos cinco siglos para que mis hijas no tengan que ganarse la vida con el toreo. -El mundo no durará tanto, Letizia -dijo doña Sofía muy seria-. Creo que nosotros veremos el final. -Pero Majestad, ¿ésta es la cena de Nochebuena o es la última cena? -pregunté. -Si te divorcias de Felipe, será tu última cena en esta casa. -Gracias por el aviso, Majestad. Parece que sólo soy una invitada, una madre de Herederas del Heredero, una concubina casada. Lo pensé el veinticuatro y pensé también en solucionar mi estatus real. De hecho, hasta lo intenté. -Majestad, ¿ha dicho en su discurso de Nochebuena la fecha de la abdicación? -le pregunté al Rey camino de la misa del gallo. -Esa fecha la dirá Dios, nuera. Dios y mi salud. Tendré que seguir recordándole que en este país hay pensiones de jubilación. La Seguridad Social puede cubrir sus necesidades en su ya iniciada vejez. Y yo puedo contribuir más al erario público como Reina de las Españas. Hasta podré indultar conejos como hizo doña Sofía con la pareja conejil que nos regaló ZP. El menú vegetariano seguirá triunfando en las Nochebuenas de La Zarzuela.
Zapatero nos envió un par de conejos para la cena de Nochebuena. Quiere que los habitantes de La Zarzuela no fastidiemos la inflación comprando los cien pavos de todos los años. -En La Moncloa dos conejos llegan para darle de comer al personal -le dijo ZP a la cocinera Ángela cuando lo llamó pidiendo más carne. Nuestra cocinera le pidió la receta y el Presidente nos envió por fax las instrucciones precisas para multiplicar el guiso de conejo. -Yo soy vegetariana -dijo doña Sofía muy seria-. No quiero que matéis esos dos preciosos conejitos con los que me he encariñado. -Las Herederas del Heredero tiene que alimentarse bien, Majestad. ¿No ve que mi niña Sofía está sin pelo? Es por la escasez de proteínas del menú de La Zarzuela. -No entiendes nada de Borbones, Letizia. En nuestra dinastía escasean los pelos. -En los hombres adultos, Majestad. Las mujeres necesitan peluquero y depilación. Doña Sofía insistía en la falta de pelos y yo me iba deprimiendo. No llegué a la depresión completa gracias a mi doncella. Maripuri vio a través del tarot a mi niña Sofía luciendo la melena más grande de las Españas. -La conseguirá comiendo conejo cuatro veces a la semana. El conejo será el único animal que comeremos los españoles, mi Princesa. Veo el pollo por las nubes, las vacas locas, los caballos con peste equina, los cerdos con una peste que no sé como se llama. -¿Y las verduras, Maripuri? ¿Serán caras? -Prohibitivas, mi Princesa. Los repollos y los grelos sólo los comerán los más ricos del país. Fui a decírselo a mi Felipín. -ZP lo arreglará, Leta. El Presidente sabe bajar los precios. Tiene un Ministro de Economía muy listo. -¿Solbes? -Sí, amor. Pedro Solbes es un experto en devaluar la moneda. Sabe que un euro vale 160 pesetas y que dejando menos propina a los camareros no suben los precios. Mi corazón volvió a latir sin miedo al futuro. Con un Presidente como Zapatero regalándonos conejos vivos para Navidad y un ministro de Economía bajando el tipo de cambio del euro en más de seis pesetas antiguas, España va mejor que con Aznar. Sólo tenemos que atrevernos a matar los conejos para cenar en Nochebuena.

Estoy enviando nuestras postales navideñas a las amistades. Son preciosas. Mis niñas Leonor y Sofía salieron con cara de Infantas de España. Sus primos, los pobres, ponen caritas de vasallos, sobre todo los mayores. Saben que tienen que hacer reverencias a mis hijas toda la vida.Elena le puso muchos peros a la postal. Decía que sus hijos no estaban para una foto.-Pues últimamente chupan mucha cámara, cuñada -le dije-. Froilán y Victoria Federica son los niños españoles más veces fotografiados a la puerta de un colegio privado.-Ten compasión, Letizia -me rogó-. Un divorcio es muy duro para los hijos. Haced una foto al Palacio y enviádsela a los periodistas.Su Majestad se negó a fotografiar La Zarzuela.-Podría haber un malentendido sobre la buena salud de la Monarquía. Nos fotografiaremos la Reina y yo con nuestros ocho nietos.Así lo hicieron. Doña Sofía agarró a su nieta tocaya y fue hacia un banco. La siguieron los otros siete nietos restantes más Su Majestad.-Una risa, niños -les pidió el fotógrafo de la agencia Efe.Froilán no sonreía. Elena le hacía carantoñas y no había manera de arrancarle una risa.-O viene papá o no me río.-¿No me quiere, hijo? -lloriqueó mi cuñada.-Más quiero a papá.-¡Machista! -le grité-. Hay que querer a quien te ha parido, chaval. Un hijo que no quiere a su madre es un malnacido.-¡Leta! -protestó mi Felipín-. Recuerda quien eres.-¿Por qué no os calláis?¡Lo que faltaba! Su Majestad volvía a decir la frase célebre. No aguanto la frasecita.De pronto Froilán estalló a carcajadas. ¿Qué había visto mi travieso sobrino? Me volví y allí estaba Maripuri con la portada de "El jueves".-Mire lo bien que quedan usted y el Príncipe con capuchas de Papá Noel.Mi grito se oyó en las Bermudas.-Yo a esos los denuncio. Que los metan en la peor cárcel de mi Reino.-No, mi Princesa. Vuestra Alteza debe defender la libertad de expresión. Recuerde que fue periodista.Mi doncella no entiende que la libertad de expresión se defiende hasta el mismo momento en que te dibujan desnuda. Después dejas de defenderla.Mi Felipín ya está consultando a nuestro equipo jurídico la posibilidad de interponer una querella por daños y perjuicios a nuestra intimidad de alcoba.
Estos días estoy comprando los regalos para el servicio doméstico de Palacio. Intento regalarles a mis sirvientes lo que desean. A la cocinera Ángela, por ejemplo, le compré unos guantes de pelo de burro. Sé que le gustan las pieles aunque suele ir a esas manifestaciones de desnudos. Ángela hace como las modelos: está contra las pieles porque no puede comprarlas. El jardinero Jordi estará muy contento con unas flores artificiales que le compré por Internet. El contable Juan, de baja por depresión desde hace seis meses, tendrá que contentarse con una postal de yahoo. Al peluquero Hernán no pienso regalarle nada; no merece mis regalos. A la niñera Rafaela habrá que darle un aumento de sueldo, pero es cosa de Su Majestad. A quien no puedo satisfacer es a Maripuri. Mi doncella se encaprichó con la columna de Umbral. -Yo escribo bonito, mi Princesa. Con muchas metáforas. -Pero yo no soy la Reina Maga, Maripuri. Si llamo a Pedro J. pidiendo la columna de Umbral para mi doncella... -Se la da, mi Princesa. A usted no le diría que no. Dígale que yo soy la que ha salido muchas veces en el tema de debate de los domingos. Firmo como María. Me parece que Maripuri va a tener que esperar a que yo sea la Reina de todas las Españas, incluida la España justa. Y veo lejano ese día. Su Majestad no tiene ganas de abdicar, sobre todo desde que Jiménez Losantos le pide la abdicación. -Ahí está ése diciendo que son las siete de la mañana y los Albertos aún no han entrado en la cárcel -dice cuando oye al famoso locutor de la emisora de los obispos. -Vuestra Majestad manda. -Quisiera mandar más, nuera. Yo también quisiera mandar más. Quisiera un país más justo. -¿Ya ha llamado a Pedro J., mi Princesa? -insiste Maripuri. -Tengo que pensar lo que le voy a decir -le contesto. -Dígale que yo escribo lo que quiera. Por dinero soy capaz de escribir un artículo de derechas el lunes, uno de izquierdas el martes, otro centrado el miércoles, el jueves escribiría un artículo republicano, el sábado escribiría alabando a Chávez y el domingo terminaría la semana de "el mundo" escribiendo en contra del cambio climático que nos manda Dios. El dinero hace estragos en la gente. Miro a mi doncella y no la reconozco. Maripuri es más capitalista que Adam Smith. Lo malo es que es capitalista por necesidad. Como yo.
La Constitución cumplió 29 años y nos reunimos para celebrar el cumpleaños. Sólo los de la Casa Real: Sus Majestades, nosotros, las Infantas y demás familia. A los primos no los invitamos. Tampoco hicimos un besamanos para los políticos. El país no está para fiestas. La tarta dejaba mucho que desear. Con tanta vela se la chamuscó un poco el merengue. -Al menos pruébala, Leta. A Su Majestad le parece mal que no comas un trozo -me cuchicheó mi Felipín. -¿Para aquí el trozo más grande! -grité. Mis cuñadas me miraron con cara de espanto. Había roto el protocolo. Pero tenía solución. Suavicé el tono de mi voz asturiana hasta conseguir el acento aristocrático de los madriles, y le dije a su Majestad: -Señor, ¿podría Vuestra Majestad servirme un trozo de esa deliciosa tarta constitucional? -¿Qué pasa en esta casa, Sofí? -explotó el Rey-. La hija mayor se nos divorcia, la nuera todavía no ha aprendido el protocolo, el Heredero... -¡Juanito! -lo interrumpió doña Sofía-. Debes sentirte orgulloso de nuestros hijos, el Príncipe y las Infantas. Parecía que no había motivos para que se sintieran orgullosos de mí. -En Barcelona dicen que eres anoréxica, cuñada -me espetó Cristina. -A ti en Madrid te llaman gorda. -¡Leta! -Déjame hablar, Felipe. ¿Y sabéis que dice Peñafiel? Que Elena dejó a Marichalar por un viejo sesentón. Creo que es el que le vende los caballos. Mi cuñada Elena tiró una copa al suelo. ¡Menuda familia! En mi casa siempre hablamos de los cotilleos sin que nadie se sintiera ofendido. -Hay que llamar al servicio -dijo doña Sofía-. No discutáis, chicas. Maripuri vino con una escoba a recoger la copa rota. -Froilán se ha amotinado en el despacho de Su Majestad -nos informó-. Dice que no quiere un padrastro portugués. -Ya sabes, Elena. Cambia de novio -le sugerí-. Tu hijo habla ingle´s y castellano de Madrid. Comprende que su cabeza no da para aprender portugués. Mi cuñada Elena marchó furiosa. Creo que fue a celebrar la Constitución con sus hijos a Lucio. Últimamente le gustan mucho los menús sencillos. A mí me gusta el menú de Palacio: mucha verdura, mucho pescado y nada de carne. Desde que llegué a La Zarzuela no sé lo que es comer un chuletón.
Estoy triste. Los malos volvieron a matar. Muerte, lágrimas, familias rotas, dolor, entierros... Yo no quiero un Reino así. Mi Reino tiene que ser un trozo de felicidad, como Mónaco. Quiero que mis súbditos sean felices, tengan buenos empleos, menos inflación, tres meses de vacaciones, muchos hijos. Mi doncella Maripuri dice que ahora las familias numerosas son ricas. -Son del Opus, mi Princesa. -No me asustes, Maripuri. A mí ese tipo de Iglesia me asusta. -A mí también. Yo soy seguidora de la Iglesia Verdadera. -¿La Cienciología? -le pregunté. -No, mi Princesa. La Cienciología es una secta patrocinada por Tom Cruise. Yo creo en el Jesucristo de los Evangelios. Maripuri me explica sus creencias. No la entiendo mucho, pero le digo sí a todo. -En resumen, mi Princesa, Jesús de Nazaret echó a los mercaderes del templo, obligó a los ricos a repartir sus patrimonios entre los pobres para poder ser discípulos suyos, defendió a la Magdalena, multiplicó la comida para que no hubiera hambre en su casa, nunca se metió en política,... -Calla, Maripuri -la interrumpí-. No me hables de política. -Entonces le hablaré de la foto familiar que tienen que hacer para felicitarles las Navidades a los españoles. ¡Dichosa foto! Por culpa del divorcio de mi cuñada Elena no vale la fotografía de este verano en Marivent. Nuestros secretarios no son capaces de cortar a Jaime. -Le quedan las piernas, Leta. Los periodistas van a reconocer las piernas de nuestro ex cuñado -se lamentó mi Felipín ayer, muy preocupado por el corta y pega de este año. -El problema sería que no las reconocieran, Felipe. Imagina que cuentan las piernas, les sobran dos y se empeñan en verte a ti cuatro piernas, o a Urdangarín. Incluso a Su Majestad podrían verle cuatro piernas. -No puede ser, Leta, no puede ser. Maripuri me explica su idea grandiosa para felicitar las Navidades a nuestros súbditos: -Una foto es poca cosa, mi Princesa. Si usted me ayuda, yo puedo escribir un artículo en la columna de Umbral. Sólo tiene que pedírselo a Pedro J., mi Princesa. Dígale que la Maripuri de La Zarzuela quiere escribir en "el mundo". -Pero... ¿qué dices, Maripuri? -Escribiría un artículo sobre la crisis de la Familia Real y los de "El jueves" harían un dibujo para ilustrar mis sabias palabras. Empiezo a creer que Maripuri es una mujer ambiciosa que echa a perder la ambición en sus momentos de timidez. Pero no puedo ayudarla. Pedro J. nunca le daría la columna de Umbral a una doncella tarotista. Y Su Majestad pondría sus gritos en Venezuela si leyera una reflexión filosófica sobre la Familia Real firmada por mi doncella. Es muy clasista, muy Borbón, es decir, muy Rey de España. -Yo escribiría con muchas metáforas, mi Princesa. -Los sé, Maripuri, lo sé. Quedamos calladas. En el primer piso de mi Palacio, Sofía balbucea sus primeras palabras. Le pido a ese Dios que dicen que existe, que mi niña no sea superdotada. El destino de los superdotados suele ser la puerta cerrada a los empleos dignos, sobre todo cuando nacen en familias humildes.
El domingo tuvimos que llevar a mi cuñada Elena al concierto de Bruce Springsteen. Yo hubiera preferido quedarme en mi Palacio con mis infantitas. Sofía ya anda agarrada a mi dedo meñique. Es un sol de niña, más parecida a mí que al Príncipe. Quien se parece a mi Felipín es Leonor. La Heredera del Heredero me va a salir borbona. Espero que no se parezca a Elena. España no resistiría otra Infanta divorciada. -¿Vamos a comer a Lucio? -nos preguntó mi cuñada Elena después del concierto-. Hace siglos que no como patatas con huevos. -Pues suerte que tienes, hija. En mi casa no se come otra cosa. -Leta, por favor. -Déjame hablar, Felipe. Yo ahora regreso a casa. Estoy harta del Bruce ese. No entendí ni una palabra. Bueno, sí. Entendí el "¿por qué no te callas?" que nos gritó el público. -Yo oí un "¿por qué te divorcias?"-dijo Elena-. Creo que lo decían por mí. Seguro que se lo dijo Peñafiel. Ese hombre me echa a mí la culpa del divorcio de Elena. Soy un mal ejemplo para mis cuñadas, según Peñafiel. Es odioso. -¿Ya están aquí, mi Princesa?-se extrañó Maripuri cuando nos vio llegar-. Pensé que iban a trasnochar. -Claro que no, Maripuri. Somos adultos con niños pequeños. -Los niños duermen como benditos. La niñera Rafaela acertó esta noche con el cuento. Creo que les leyó "la cenicienta". ¡Y tanto que acertó! El lunes no había manera de despertar a Leonor. No oía mis gritos. Desesperada, empecé a tirarle de las orejas. -¿Qué haces, Leta? Estás maltratando a nuestra primogénita. -No despierta, Felipe. Leonor está como la Bella Durmiente. Me va a dar algo. -No despertará hasta las diez de la mañana -nos interrumpió la niñera Rafaela-. Le tuve que suministrar un somnífero más fuerte que a los otros niños porque tiene la sangre más azul. Me desmayé. Aquella loca había copiado los métodos de Kerry McCann para dormir a los nietos de Su Majestad. Por suerte, el resultado no fue un asesinato onvoluntario. Mi niña Leonor despertó justo en el momento en que yo recuperé la consciencia. -¿Qué hace mami en el suelo? -¡Ay, mi niña! -la abracé-. Pensé que no sobrevivías a una noche de sueño farmacéutico. -Vamos al cole, mami. Y dile a Froilán que no le dé patadas a la tele. Ayer rompió otra tele. Froilán cogió la malsana costumbre de patear a Hugo Chávez. Le explicamos que realmente a quien le suelta la patada es al televisor, pero el niño no entiende. Cree que todos los que salen en la pantalla están dentro del aparato.
Estoy preocupadísima. No sé qué va a ser de nosotros si el PP gana las elecciones de marzo. Rajoy quiere bajar los impuestos y, con menos ingresos, ¿cómo vamos a vivir? Para vivir se necesita dinero, mucho dinero. Un Lorenzo Caprile bueno anda por el millón de las antiguas pesetas. Pero no hablemos de ropa, la comida es carísima. Sólo en leche especial para el crecimiento de las Infantas gastamos quinientos euros al mes. -Debería alimentarlas con leche de rata, mi Princesa -dijo Maripuri cuando vio la última factura de economato de La Zarzuela-. Es muy nutritiva. Al menos eso dice Heather Mills. -¿Leche de rata? ¡Ni loca! -La ex mujer de Paul McCartney no toma otra cosa. Seguramente no puede comprarse un buen tetrabrick de leche de vaca recién ordeñada. Pobrecita. Los divorcios dejan a las mujeres pobres. Mira mi cuñada Elena, antes tan bien vestida, y ahora vestida como una conductora de metro sin uniforme. Por lo menos sus ahorros le dieron para comprar un chalecito en un barrio obrero construido en tiempos de la última República. -Los escoltas le caben en el jardín -nos dijo doña Sofía, tras ir a visitarla-. Estoy más tranquila. Temía que se liara con un escolta. Elena se parece mucho a nuestra antepasada Isabel II. -¿Se parece Jaime a Francisco de Asís? -le pregunté. -No seas impertinente, Letizia. Marichalar es un caballero. -Déjame hablar, suegra -protesté-. Felipe, ¿tú crees que Jaime es un caballero? -¿Por qué no te callas, Leta? Quiero saber si Marichalar se parece al esposo de Isabel II, pero me queda claro que mi Felipín se parece a su padre el Rey. Maripuri pasa las tardes calcetando. Bufandas, jerseys, guantes, chalecos, calcetines,... se van acumulando en su habitación. -Necesito otro armario más, mi Princesa. -Deja de incrementar tu ropero, Maripuri. -Vienen malos tiempos, mi Princesa. Rajoy va a ganar las elecciones y ya sabe que con el PP viene la pobreza. -¿Lo dice el tarot? -Sí, mi Princesa. Se aproximan ocho años de paro e inflación. Vamos a pasar hambre. -Eso no lo voy a permitir, ¿me oyes, Maripui? Si tengo que robar, robaré, pero mis hijas no pasarán hambre. -Lo mismo decía Sacarlett O´Hara en "Lo que el viento se llevó" -me recordó mi doncella. Scarlett... Yo podría ser Scarlett con estos ojos verdes, esta cara con personalidad, este cuerpo de modelo. Yo podría ser, podré ser todo lo que me proponga. Hasta Reina. Sí, yo seré la Reina.
La Zarzuela cada día más me recuerda a aquella serie titulada "Aquí no hay quien viva". Nuestra calidad de vida ha empeorado con la llegada de Elena y su prole. Es imposible concentrarse en el papel de Princesa de Asturias. -Tranquilízate, Leta -me dice mi Felipín cuando ve que estoy a punto de gritar. ¿Cómo me voy a tranquilizar? Maripuri descubrió una reedición de las guerras carlistas en el futuro próximo, a través de sus cartas. -Va a haber un problema dinástico, mi Princesa. Sale en el tarot y en la baraja española. -Vuelve a mira, Maripuri, y dime la fecha exacta de la guerra. -Entre el año 2016 y el 2017, coincidiendo con la mayoría de edad de su sobrino Froilán. -Ese niño va a ser el fin de la Monarquía. -El fin no, mi Princesa. Yo diría que es la continuación. Parece que va a ser rey. El tarot dice que Su Majestad lo nombra heredero en su testamento. No lo podía permitir. Corrí al despacho de mi Felipín. Como siempre, estaba trabajando. Nada importante, sólo hablaba por teléfono con Aznar. -¿Qué ocurre, Leta? Estoy muy ocupado hablando con los líderes de la derecha de nuestro país. -Su Majestad ha nombrado heredero a Froilán en el testamento.ç -No tengo esa información, Leta. -¡Yo sí! -chillé-. Sale en el tarot de Maripuri. -En nuestro país la única información oficial es la que sale en el BOE. Mi Felipín no va a heredar nunca con esa calma boba que tiene. Hay que anticiparse a los acontecimientos, tomar medidas. Le dije que en el futuro próximo habrá unas guerras carlistas como las del siglo XIX. -Tu doncella es la personificación del sentido trágico de la vida, Leta. Donde no ve una guerra encuentra un maleficio. Voy a seguir trabajando por nuestro país, Leta. Ya sabes: todo por la Patria. Froilán corre por todos los edificios de La Zarzuela. Parece un pariente de los hunos. Le pregunto a doña Sofía si entre sus antepasados están los bárbaros que acabaron con el Imperio Romano. -Mis antepasados fueron todos reyes. -Los míos también, señora. Todos eran reyes del proletariado. La Reina no está interesada en la realeza proletaria. Le preocupa el futuro de Marichalar. -Felipe lleva todo el día hablando con Aznar. Quiere que lo lleve para la universidad de Georgetown. Podría dar clases de moda. -¿A los estudiantes? -Sí, querida. Los alumnos de Georgetown son de buenas familias. -Creo que tendría más futuro en Venezuela. Es un país con muchas bellezas femeninas que quieren ser misses y necesitan asesores de imagen. -¿Me has dado una idea magnífica! -exclama doña Sofía-. Jaime le pedirá perdón a Chávez en nombre del Rey. Su Majestad no estuvo de acuerdo con la idea de doña Sofía. Él es el Rey y no pide perdón, y menos mediante intermediarios. Mi Felipín quiere que su ex cuñado se anote en el INEM. Yo creo que vamos a tener que seguir financiándole los gastos mientras rezamos para que no acierte Maripuri en eso de las nuevas guerras carlistas. A quien no tenemos que financiar es a mi ex. Publicó un nuevo libro. Todavía no lo leí. Reconozco que me da miedo leerlo, por si me reconozco en alguna metáfora. Para Alonso Guerrero yo siempre seré su musa.
Finalmente mi cuñada Elena consiguió que Su Majestad le diera permiso para separarse de Marichalar y dejara de decirle ¿por qué no te callas, hija?. Estaba hasta la trenza de aguantar al marido. Jaime es un hombre muy quisquilloso con la moda femenina; antes de llegar los últimos modelos a la pasarela ya quería que Elena los luciera en una cena de gala en el Palacio Real. Con un hombre así es muy difícil convivir en armonía. Las mujeres necesitamos tiempo para elegir los vestidos, nos gusta ir a la primera moda, no a la última. Gracias a mí estamos en China. Le dije a mi Felipín que la separación de Elena no me cogía en Madrid. -Cuanto más lejos mejor. -Elije, Leta: Australia, Nueva Zelanda, Japón, Rusia, China,... Me decidí por China. Maripuri comprobó en sus cartas que no aparecía Chávez por Pekín. -Ese hombre no va a salir de Caracas en un mes por lo menos. Los universitarios quieren darle un golpe de Estado con la ayuda de Aznar. Por mí como si lo hacen prisionero. Chávez no me preocupa. No puedo decir lo mismo de mi cuñada Elena. Según las cartas de mi doncella, la hermana mayor de mi Felipín va a ser nuestra eterna vecina. -Ya se instaló en La Zarzuela, mi Princesa. Le deja al duque el piso del barrio de Salamanca. -Esa mujer es tonta. Cuando una pareja se separa el que se va de casa es el marido. -También le va a pasar una pensión de un millón de euros al mes. -¡Por los clavos de Cristo! Marichalar vende el divorcio caro a la Casa Real. -Todavía están en separación sin papeles. El divorcio le proporcionaría al duque una pensión compensatoria mayor. Aquello no se podía permitir. Saqué a mi Felipín de una reunión con empresarios chinos. -¿Qué pasa con tu hermana, Felipe? -Se está divorciando por etapas, Leta, como hiciste tú con el escritor. -No me vengas con una celitis, Felipe. Hay que hablar de dinero. ¿Cuánto cuesta el divorcio? -Mucho, cariño. Déjame seguir pidiéndoles a los chinos una ayuda para pagar las primeras mensualidades de nuestro ex cuñado. Mi cabeza estallaba. Tuve que acostarme. Estaba intentando dormir cuando me llamó Jaime Peñafiel. -Quiero una exclusiva, Letizia. Dime cuando te separas del Príncipe. -Vete a paseo. Colgué. La siguiente metomentodo fue Carmen Rigalt. -Tengo que escribir un artículo para "el mundo". Mis fuentes me comentan que no duermes con don Felipe. -No, duermo con su padre. -¿De veras? Aquella era capaz de creerse un incesto político. Le expliqué que mi Felipín y yo dormimos abrazados intentando hacer un hijo varón. -Acaba de llamar Elena por la otra línea, mi Princesa. Quiere quedarse unos días en su Palacio con Froilán y Victoria Federica. Le dije que estaban todas las habitaciones ocupadas, pero no me hizo caso. -No me digas eso, Maripuri. -Le digo más, mi Princesa. Los de "El jueves" van a dibujar a toda la Familia Real en posición amatoria. Han pagado tres mil euros al juez por cada dibujo. ¿Para que digan que en España la Justicia no funciona! Por tres mil euros te pueden dibujar en pelotas y con ese medio millón de pesetas antiguas no le pagas ni el desayuno a un Marichalar divorciado de una Infanta.
A nosotros nos regalan muchas cosas que no necesitamos: ropa, comida, videojuegos, juguetes, libros,... Mis sirvientes ganan unos eurillos vendiendo en eBay todos los artículos inservibles. Maripuri es la que más vende, pero algunas cosas hasta ella no es capaz de venderlas. Por ejemplo, el cargamento de libros firmados por Aznar. -Las "Cartas a un joven español" no hay manera de venderlas, mi Princesa. Le dije al jardinero Jordi que pegara unos cuantos carteles por las farolas de Madrid y ni con esas -se lamentó-. Su Majestad se va a enfadar cuando vea los tres mil ejemplares que nos envió Aznar. -Más enfadada estoy yo, Maripuri. Mi niña Sofía no puede gatear por la biblioteca con tanto libro. La niñera Rafaela nos dijo que de los libros de Aznar se ocupaba ella. Ojalá no se lo hubiera permitido: fue peor el remedio que la enfermedad. Rafaela les llevó los libros a los obispos. -La Iglesia necesita autofinanciarse -dijo-. Le dije a Rouco que pusiera un tenderete delante de la puerta de la Cope. -¿Y qué te contestó? -Sonrió sin decir nada, ciudadana Leti. También aproveché para decirle que hay que beatificar a los curas rojos. Yo tengo derecho a rezarle a un mártir comunista asesinado por la Falange en la Guerra Civil. -No me extraña que no te contestara, niñera Rafaela. Te metiste con el Vaticano. -Alguien le tenía que expresar la opinión de la Iglesia olvidada. Rouco llamó a mi Felipín. Quería que despidiéramos a la niñera Rafaela. -No podemos, monseñor -le decía mi marido el Príncipe-, es funcionaria del Patrimonio Nacional. Sólo podemos reñirle. El arzobispo insistía y mi Felipín sufría agarrado al auricular. Acabé apartándolo del teléfono. -Aquí no despedimos a nadie, señor Rouco -le dije. -Comprendo, Alteza, comprendo. -Quedese con los libros de Aznar y con Dios. -No, no cuelgue, Alteza. Tenemos que dialogar. Mire, vamos a beatificar a Tarancón. -Por mí como si beatifican a Pancho. -Quién es Pancho, Alteza? Corté la comunicación. Rouco quería conocer a Pancho. Aquella era mi oportunidad para librarme del perro que le regaló mi cuñada Elena a Leonor. -Maripuri, llevale el perro al arzobispo. -No sé donde vive, mi Princesa. -¿Dónde va a vivir? ¡En la Almudena! Lleva el perro a la catedral donde me casé con mi Felipín. -Llevale también los libros del obispo Setién, Maripuri -le ordenó mi Felipín-. En este Palacio no queremos libros que defiendan a los terroristas. -¡Felipe! -exclamé-. Has dicho una frase muy fuerte, amor. Si se entera la prensa será un escándalo. -La única periodista que me importa eres tú, Leta. Mi doncella hizo lo que pudo. Los libros de Setién los dejó por los bancos y los de Aznar los repartió por los bares de la Castellana. -Es una moda tirar libros para que los coja quien quiera leer gratis, mi Princesa. -¿Y el perro? -Lo traje. Rouco no estaba en la Catedral y no lo iba a abandonar. Pobrecito. Pancho merece un plato de comida como todos nosotros. Me emocioné. Maripuri, como casi siempre, tenía razón. Hay muchos perros abandonados por las carreteras de mi Reino. Además, el perro me viene bien para que coma por mí la comida que me sobra.