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Wednesday, May 26, 2010

Su Majestad vuelve a reinar

 

 

 Cuando ya estábamos entrenados como Reyes Suplentes del Reino de España, Su Majestad regresó de Barcelona con ganas de reinar. Nada más poner sus pies en La Zarzuela llamó a Zapatero.

 

 -Trae el decreto de recorte que te lo firmo antes de tomar la aspirina.

 

 Zapatero no se hizo esperar. En cinco minutos lo teníamos con el papel de recorte de sueldos y pensiones. Doña Sofía no quiso estar presente. Yo, en cambio, no me podía perder el momento histórico. Quería ver como con la firma de mi suegro me bajaban el sueldo de Princesa un 15%. Voy a tener que comprar menos vestidos, o pedirle a Felipe Varela una rebaja por el mismo porcentaje. Mi Felipín también presenció la firma del decreto.

 

 -¿Va a subirnos los impuestos, Presidente?

 

 ZP no contestó. Supongo que la tristeza le impedía hablar. Le di el pésame por las durísimas medidas que tenía que tomar.

 

 -Yo también soy roja -le dije-. Si tuviera que recortar las pensiones y bajarle el sueldo a los trabajadores, dimitía, Presidente. ¿No ha pensado usted en recortarle el sueldo a los banqueros?

 

 Parecía que no lo había pensado. Zapatero siente un gran respeto por la banca. Le sugerí que nacionalizara las grandes fortunas.

 

 -Con los millones de la duquesa de Alba y de Amancio Ortega ya hay dinero de sobra para pagar la deuda del Estado.

 

 Zapatero marchó preocupado. Comprendo que le angustie perder las próximas elecciones. Rajoy podría firmar otro decreto recortando de todo las pensiones de los ex presidentes. ¿Rajoy Presidente? Bueno, casi me da igual. Los del PP y los del PSOE son parecidos. Llegan al poder con una mano delante y otra detrás y marchan millonarios.

 

 Mi suegro, como decía, vuelve a trabajar. En Barcelona tuvo tiempo hasta para ir de compras.

 

 -Tomad, hijos -nos dijo-. Aquí tenéis vuestro regalo por vuestro sexto aniversario de boda.

 -Gracias, Majestad.

 

 Mi gozo en un pozo. Lo que suponía que sería el Toisón de oro era un rosario. Mi Felipín abrió los ojos como platos.

 

 -¿Estás bien, papá? -le preguntó.

 -Sí, hijo, pero tú reza por mí.

 

 Llevé el rosario a una tienda de compra-venta de oro que me recomendó mi doncella Maripuri. Me lo pagaron bien. Menos me pagaron los puros que le envía Fidel Castro a Su Majestad por valija diplomática. La Ley Antitabaco repercute negativamente en el contrabando de tabaco. También intenté vender los bombones que me regaló mi Felipín por los seis años de matrimonio. Fue imposible. Ni en eBay conseguí venderlos. Al final, acabé dándoselos a los caballos de mi cuñada Elena. Prefiero que engorden los equinos antes de ponerme yo cuadrada.

 

 Hay mucha crisis. Maripuri, que sabe tanto de Economía como de tarot, dice que el país está en quiebra. Debemos mucho dinero a los prestamistas alemanes. Opina mi doncella que mejor sería no pagar.

 

 -Tanta culpa tienen ellos por habernos prestado los euros como nosotros por haberlos aceptado.

 

 Yo no sé nada de Economía. En mi cabeza no cabe otra cosa que no sea mi futuro reinado. ¡Reina de España! ¡Dejaré sin fama a los Reyes Católicos!

 

 Su Majestad va abdicar pronto. Él tiene que cuidarse y yo tengo ganas de trabajar. Firmaré decretos y leyes, le reñiré a Zapatero y mandaré en La Zarzuela completa. Mis cuñadas Elena y Cristina ya se pueden ir despidiendo de sus emolumentos como Infantas de España. El país está en crisis.

 

 Soñar no cuesta nada. Hace seis años era una española divorciada. Hoy soy Princesa de Asturias, católica admirada por los obispos, madre de dos Infantas de España, inminente Reina. ¡Soy feliz!


Wednesday, May 12, 2010

Voy a ser Reina pronto




Cuándo estábamos en Costa Rica casi morimos del susto. ¡Íbamos a ser Reyes! Mi Felipín no daba crédito a la noticia. Había estado mirando las radiografías de Su Majestad y no había novedad.

-Estaba como un toro, Leta.
-Pues lo están operando, Felipe, y Dios sabe cómo va a salir. Como mínimo seremos Reyes suplentes.
-¡Con lo bien que vivíamos como Príncipes!

Viviría él. Yo estoy hasta el moño de ser Princesa. Quiero que me hagan mejores reverencias y gobernar el país. Se lo digo a mi doncella Maripuri.:

-Mis cuñadas tendrán que besarme la mano, Maripuri.
-¿Lleva el Príncipe corbata de luto? -Maripuri me entrega una corbata negra con lunares blancos-. Metásela en el bolsillo de la chaqueta, mi Princesa. Cuando nos comuniquen la fatal noticia hay que enlutarse.
-¿Y llorar? ¿Tenemos que llorar en público?
-Yo de usted no lloraría. Está más guapa sonriente.

Gracias a la sanidad pública catalana, Su Majestad salió vivo del quirófano. Mi Felipín daba saltos de alegría.

-Papá seguirá trabajando, Leta.
-¿No vamos a ser Reyes suplentes?
-De momento no.
-¿Y cómo va a firmar las leyes Su Majestad?
-Tiene un secretario que le sabe imitar la firma. Tú no te preocupes, Leta. Sigue comprando vestidos de Felipe Varela y poniéndote guapa para las inauguraciones. Papá atenderá a Zapatero, hablará con Rajoy, le dirá a Chávez que se calle y jugará con los nietos.

A Zapatero lo atendió mejor que nunca. Necesitó una mañana entera para convencerlo de que no moría. Zapatero quería proclamar la III República en la Fiesta de los socialistas del País Vasco.

-Venid pronto -nos decía doña Sofía por videoconferencia-, que llega la III.

Nunca tan pronto cruzamos el Océano. El piloto temía tropezar con la nube volcánica. Mis miedos eran más terrenales. ¿Qué iba a ser de mis Infantitas en una República de Zapatero? Las pobres ya se acostumbraron a las reverencias y prescindir de tantas atenciones las traumatizaría.

-Hay que sonreír, Leta -me recordó mi Felipín-. Los españoles se preocuparían si nos ven serios.

Fue lo que hice: sonreí más que el día de mi segunda boda. Iba a ser Reina.

Mi cuñada Elena estaba haciendo de enfermera. Nadie cuidad mejor a un padre que una hija. Doña Sofía rezaba a los pies de la cama de Su Majestad. ¿A qué Dios le rezaría? Supuse que le estaba rezando al Dios de los griegos porque una siempre le reza al Dios que ha conocido en su infancia.

-Estoy entero -nos gritó Su Majestad.

Mi Felipín lo abrazó. Yo agarré del brazo al doctor y lo arrastré hacia una esquina de la habitación.

-¿Cuándo seré Reina, doctor? -le pregunté.
-Alteza, yo no hablo de política. Soy médico.
-Yo le estoy hablando de medicina. Dígame el día de la defunción.
-Ahora no puedo hablar, Alteza. Disculpe. Tengo que ponerle un supositorio al Rey enfermo.
-¡Joder con la sanidad pública catalana! ¿Todavía curan las enfermedades con supositorios?

Mi doncella me pidió silencio. Estábamos delante del paciente. Bueno, pensé, pues me callo. Una vez callada fui a comprarle unas flores a mi suegro. Las flores son un regalo que tanto vale para un vivo como para un muerto. Crucemos los dedos.


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Regala flores

Monday, May 03, 2010

Camisetas monárquicas y relojes con fotografía como regalos de cumpleaños de Sofía y del Día de la Madre



Nuevas fotografías oficiales de los Príncipes de Asturias





Para ahorrar celebramos a la vez el cumpleaños de mi Infanta Sofía y el día de la madre. Es lo que se lleva en estos tiempos de crisis: unir fiestas. Los regalos no se unen porque cada festejado tiene derecho a la propiedad individual de sus pertenencias.

Mi regalo del día de la madre fue un reloj con la fotografía de mis hijas Infantas. Dice mi Felipín que es suizo y debe serlo porque costó 51 euros. Mi niña Sofía tuvo que conformarse con menos: sólo pudimos regalarle una camiseta monárquica.

-¡No hay derecho! -gritó-. Hasta Andreíta, la niña de Belén Esteban, tiene más regalos que yo por su cumpleaños.

Mi Felipín se puso serio. No le iba permitir a su segunda heredera codearse con el barriobajerismo.

-Cariño -le recordé-, estás hablando de la hija de la princesa de San Blas.
-Belén Esteban no es grande de España, Leta.
-Como mínimo es una aristócrata de la plebe y como tal la he invitado al fiestorro del cumpleaños de Sofía.

Doña Sofía apoyó mi lista e invitados. Me confesó tener unas ganas locas de conocer en persona a la madre de la primera hija de Jesulín.

-Es muy trabajadora. Siempre que enciendo el televisor sale Belén. Esa chica trabaja más que una Infanta de España.

Yo también trabajo lo mío. Tuve que ayudar a la cocinera Ángela con los preparativos de la fiesta.

-Cuidado con el horno, alteza, acaba de dar un chispazo.

¡Qué difícil es cocinar! Salí de la cocina y fui a poner la mesa en el jardín.

-¡Una araña! -chilló Leonor.
-Déjala, hija, es un ser vivo más.
-Debajo de la mesa hay un hormiguero, mami -observó Sofía.
-También son seres vivos.
-Allí hay un gato, mami.
-Leonor, hija, no estamos en el zoo, creo yo. Éste es el Palacio de la Zarzuela.

Mi Sofía volvió a protestar por su regalo. Una camiseta, por muy monárquica que fuera en el diseño, no era un regalo digno de una Infanta de España.

-Casi prefiero tu reloj suizo.
-Pues toma, cariño. Quédate el reloj suizo, la camiseta y el papel de regalo.
-No me gusta que lleve la foto de Leonor. Prefiero un reloj con una fotografía de la Barby.

¿Qué habré hecho yo para merecer semejante hija? La heredera del heredero es más contentable. Le das un caramelo y dice gracias. En cambio, Sofía siempre pide más.

-También quiero la Corona -le dijo a su hermana nada más soplar las velas-. Ya tengo edad para heredar.

Afortunadamente Su Majestad no la escuchó. Estaba cantando a pleno pulmón el cumpleaños feliz.

-Estoy contento -nos dijo- Por fin os veo monárquicos a todos con esas camisetas felipistas y esos relojes dignos de un patriota.
-A mí me recuerdan los souvenirs que venden en Mallorca -comentó mi doncella Maripuri-. Hasta en mi tienda tenemos camisetas y relojes como esos.
-Tú tienes una gran tienda, Maripuri. El Corte Inglés al lado de tu tienda no es nada.

Mi doncella se lanzó a alabar su tenderete y así pudimos prescindir de los payasos, los cuentacuentos y un cantante de canciones infantiles que había contratado mi Felipín para la ocasión.

-Márchense -es dije-. No necesitamos sus servicios.

Marcharon sin protestar. Casi me dieron pena. La crisis nos afecta a todos. Unos recibimos menos regalos, otros son despedidos por falta de trabajo, algunos tienen que comer menos. España se va al carajo.

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