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Wednesday, December 26, 2018

Mi Nochebuena con champín



​ Celebré unas Navidades libres de alcohol. En mi mesa no hubo otra bebida que no fuera el champín que compró mi doncella Maripuri en un supermercado que no nombro porque no me paga por publicidad. Todos bebimos champín. Hasta mi suegro se tomó unas copas de esta bebida para fiestas infantiles. Le gustó. Pidió otra copa y así siguió toda la cena. Don Juan Carlos estaba muy feliz porque venía su hija Cristina con sus nietos Urdangarines. La senté a su lado. Era la hija pródiga que regresaba a casa por Navidad.

 -¿Un turrón Almendro, Cristina? -le ofrecí.
 -No me hables. Eres una impresentable, cuñada.
 -Soy la Reina de España.
 -Yo soy la Infanta Cristina, Infanta de España, duquesa de Palma de Mallorca, hija de Rey, nieta del Conde de Barcelona, bisnieta del rey Alfonso XIII...

 La dejé enumerando todos sus antepasados y me senté en la cabecera de la mesa presidiendo la cena de Nochebuena. Mi Felipe VI estaba más atento a lo que decían en la radio de su discurso de Nochebuena que de sus hermanas. 

 -No piensen en los políticos, mi amor. Ya sabes que te respetan.
 -Quiero que me aprecien, Leta.
 -También lo hacen. Tu discurso les gustará porque fue muy moderado. No le reñiste a nadie.
 
 Quedó tranquilo. Apagó la radio y dejamos de escuchar la Cadena de Ser de fondo. Mi cuñada Cristina hablaba de su marido. Lo había ido a ver a la cárcel con sus cuatro hijos. Doña Sofía secó unas lágrimas con una servilleta. Le tiré un paquete de pañuelos de papel. 

 -Gracias, nuera.
 -¿Le gusta el champín?
 -Me está emborrachando. No quiero más.
 -Es una bebida sin alcohol, suegra.
 -A mí me marea.

 Los niños empezaron a cantar villancicos. Cantan muy bien. Froilán podría ganarse la vida como cantante. Tiene voz de barítono. Su hermana Victoria Federica miraba el móvil. Supuse que estaba comunicándose en silencio con su novio torero. Los Urdangarines hacían los coros de los villancicos. 

 -¿Tú no cantas, hija? -le pregunté a mi Leonor.
 -Soy la Princesa de Asturias y debo ser digna de mi título de Heredera de la Corona de España.
 -Haces bien, cariño.
 -Yo tampoco canto, mami -dijo mi Sofía-. Que se note que soy Infanta de España.

 Me serví otra copa de champín y brindé por España entera. Somos un ejemplo de familia. El día de Nochebuena nos perdonamos y nos damos un beso. Hay muchas familias que no lo hacen. Es una pena. Un poco de hipocresía siempre queda bien en las fotos de familia.

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Monday, December 17, 2018

Mi postal de Navidad




 Al periodista Jaime Peñafiel no le ha gustado nada mi postal de Navidad. Llamó a Zarzuela protestando porque no había un Nacimiento. Le recordé que sí había mesías en Asturias. ¿Qué era sino la niña que levantó mi Leonor en sus brazos preadolescentes? Era el futuro de Asturias, una comunidad autónoma donde nacen pocos niños y todos los niños y niñas que nacen son como los mesías que salvarán al Principado de su invierno demográfico.

 -Estoy hablando del Niño Jesús, de la Virgen María y de San José -insistió el periodista que tanto me odia.
 -¿Te refieres a la Sagrada Familia? Estarán en Israel buscando posada un año más.

 Mi doncella Maripuri cortó la llamada. No quiere que hable con el periodista Jaime Peñafiel porque puedo decir algo impropio de la Reina de España. Maripuri se preocupa mucho por mi Monarquía.

 -Su postal es preciosa, mi Reina -me asegura-. Muestra una familia feliz en un día de campo.
 -Fue una pena que no salieran unas vacas en la foto, Maripuri. Le habríamos hecho publicidad a la Central Lechera Asturiana.
 -¿Le pagan por la publicidad?
 -Sí, Maripuri. Pagan con impuestos.
 -¿A usted le dan dinero las marcas, mi Reina?
 -Creo que sí. Tendría que preguntarte a mi Rey de España.

 Mi Rey Felipe sólo sabe que está feliz. Tiene en su mano derecha la postal de los Reyes Eméritos y en su mano izquierda una copa de cava catalán.

 -Brindo por el amor de mis padres.
 -¿No estarás borracho, Felipe?
 -Brinda conmigo, Leta.
 -Ni lo sueñes. Ya sabes que soy abstemio.
 -Mis padres se quieren, Leta.
 -No te hagas ilusiones, amor.
 -Mira como mira mi viejo a mi vieja, Leta. ¡Esto es amor!
 
 Lo dejo soñar. Voy a mirar qué hacen las niñas. También están mirando la postal de sus abuelos eméritos. Leonor me pregunta si se han reconciliado.
 
 -Creo que no, cariño. Hicieron las paces para la foto y después volvieron a discutir.
 -Yo quiero que no discutan -dice mi Sofía.
 -Mucho no discuten, hija. Tu abuela vive en La Zarzuela y tu abuelo en el Palacio Real. Están a más de cuarenta kilómetros de distancia.

 Mis hijas asienten. No se acaban de acostumbrar al amor raro que se tienen sus abuelos los Reyes Eméritos. Son muy románticas. Seguro que de mayores entienden mejor que sus ancianos abuelos se quieran sólo en Navidad. Con los años una se vuelve menos romántica. Es lo que dice doña Sofía. Ella sabrá por qué lo dice.


Saturday, December 08, 2018

La Familia bien unida



​ Estoy educando a mis hijas en el mantenimiento de la Familia Real unida. Somos un todo y nuestra misión en este mundo es servir a los españoles. Mis hijas están aprendiendo bien la lección. Sólo había que verlas el otro día en el 40 aniversarios de la Constitución Española escuchando sin bostezar el largo discurso de su padre. Yo temía que se me durmieran. Todavía son niñas y los niños y niñas sólo están acostumbrados a escuchar discursos sencillos. Cuando hablas de Patria, derechos, Constitución y leyes se aburren.

 -Yo no me aburriré, mami -me prometió mi Princesa de Asturias-. Sé que mi futuro trabajo será decir discursos tan largos como los de papi.
 -Yo tampoco me aburriré -afirmó Sofía-. Sé que soy Infanta de España y estaré a la altura de tan alto honor.

 Me emocioné. Mi doncella Maripuri me pasó unos pañuelos de papel de supermercado barato para secar mis lágrimas y me recomendó no llorar más. 

 -Recuerde que es Reina de España.
 -No puedo olvidar que fui una periodista con sueldo mileurista, querida Maripuri.
 -Yo de usted me olvidaría de la pobreza. Puede hacerlo, mi Reina.

 Le hice caso. Mi doncella es muy sabia. Llegué al Congreso de los Diputados como si hubiera nacido Reina de España. Estaba tan contenta que le planté dos besos a mi suegro y dos besos a mi suegra. 

 -La quiero más que una hija, suegra.
 -Yo también te quiero mucho, nuera. Por eso te doy otro beso.

 Mi Felipe VI estaba más ocupado contando los minutos que duraban los aplausos de diputados y senadores. No quedó defraudado. No se notaron los que no aplaudían. Yo, por lo menos, no eché de menos los aplausos de Pablo Iglesias y los suyos. Mi Leonor, en cambio, sí los echó en falta.

 -A mí me van a aplaudir esos señores, mami.
 -No te hagas ilusiones, hija.
 -Cuando yo sea Reina de España me aplaudirán todos porque seré la Reina más guapa y más simpática que nunca ha habido.
 -No seas narcisista, amor mío.
 -Pablo Iglesias se va a enamorar de mí.
 -Dios no lo quiera.
 -Quiero decir que me admirará.

 Mi Leonor es muy cabezota. A mi Rey Felipe casi le da un patatús cuando vio a nuestra primogénita tender la mano al político de la coleta.

 -Choquemos las cinco, Pablo -le propuso Leonor.
 -¿Cómo no ciudadana Leonor?
 -Me puedes llamar Leonor sin el título de ciudadana.
 -Gracias Leonor.

 El Rey Juan Carlos asentía emocionado. Está muy orgulloso de la Princesa de Asturias. Sabe que va a garantizar la superveniencia de la Monarquía. También garantizará la supervivencia de la unión familiar. Estoy segura de que mi Leonor conseguirá que los españoles vean nuestra Familia Real como un reflejo de sus propias familias. Tenemos buenas personas, personas más honradas, personas menos honradas, yernos en la cárcel, yernos divorciados, mujeres sufridoras, mujeres luchadoras, mujeres feministas... 

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