Leonor se nos fue para la Universidad en pony esta mañana. Entiéndase bien: no es que fuera cabalgando un equino, es que mi niña grande le llama pony a su coche. Creo que iba contenta porque comió más que nunca. Mi doncella Maripuri tuvo que reponer los yogures de la nevera de la cocina y también rellenó las latas de galletitas que tenemos para picar en la sala del desayuno.
-Mucho come su hija mayor, mi Reina -se quejó mi doncella.
-Déjala comer que falta le hace alimentarse para estudiar.
-Usted come muchísimo menos.
-Mis hijas me han salido muy borbonas.
Maripuri asiente. Vuelve a recordarme que los tratamientos de adelgazar son caros.
-¡Y no los paga la Seguridad Social!
Mi Felipe tiene otras preocupaciones muy distintas a las de mi doncella Maripuri. Le han informado los servicios secretos del Reino que en la Universidad Carlos III hay muchas fiestas. Teme que nuestra hija se enamore en alguna fiesta del hombre equivocado.
-No nos conviene un príncipe consorte de barro, Leta.
-¿De barro?
-Me refiero a un hombre sin dinero.
-Con que sea trabajador nos vale, Felipe. En la Familia Real hace falta un currante que nos enamore a Leonor para que la dinastía siga creciendo y multiplicándose.
Felipe le pide a mi doncella que tire las cartas del tarot a ver si ve a ese buen chico currante del que se nos enamora la princesa de Asturias en la Universidad Carlos III de Madrid.
-Solo veo profesores interesados en la Princesa, Majestades.
Suspiro. Mi hija parece que también va a tener un primer marido profesor. Habrá que hablar con los abogados para ver cuánto cuesta el divorcio posterior. Lo sé por experiencia: de un profesor te acabas divorciando más pronto que tarde porque un profesor es como un reloj inteligente de batería casi eterna.
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